Una ciudad gigante que me abrazó con cultura, comida y gente cálida.
Ciudad de México fue una sorpresa desde el primer minuto. Siempre pensé que sería demasiado caótica, y sí, lo es… pero también está llena de historia, arte y un corazón enorme. Es una ciudad viva, que respira fuerte, que te empuja a caminar, probar, mirar, escuchar.
Una de mis paradas favoritas fue el Centro Histórico. Caminar por la calle Madero, ver el Zócalo, entrar a la Catedral y luego tomar un café viendo pasar a miles de personas es una experiencia única. Cada rincón tiene capas de historia. Aquí puedes ver lo prehispánico, lo colonial y lo moderno conviviendo en un solo lugar.
También visité Coyoacán, un barrio lleno de color, arte y calma, donde está la famosa Casa Azul de Frida Kahlo. Aprendí sobre su vida, su dolor, su fuerza, y eso me hizo mirar el arte mexicano con otros ojos.
Y por supuesto: la comida. Desde tacos callejeros hasta restaurantes gourmet, todo en CDMX tiene sabor. Probé mole, tlayudas, esquites, tamales y más. Comer aquí es parte del viaje cultural.
Ciudad de México no es solo una ciudad enorme, es una mezcla intensa de pasado y presente. Una ciudad que se queda contigo.

CDMX me enseñó que una ciudad no se mide solo por su tamaño, sino por cómo te hace sentir. ¿Qué ciudad te ha marcado a ti? Te leo en los comentarios.